Durante años, los productores de teléfonos han conseguido crear dispositivos cada vez más delgados. Sin embargo, hay un componente que continúa resistiéndose a esa tendencia: la cámara. Mientras el resto del móvil reduce su espesor generación tras generación, el módulo fotográfico sigue sobresaliendo en la parte trasera. El origen de ese obstáculo no responde a una decisión estética, sino a una limitación física que la ingeniería lleva décadas intentando traspasar.
Cada nuevo sensor incrementa la resolución y mejora sus prestaciones, aunque exige un sistema óptico capaz de canalizar la luz con enorme precisión. Esa circunstancia obliga a apilar varias lentes, una disposición que consume un volumen muy difícil de reducir sin menoscabar la calidad.
Un equipo internacional presenta ahora un enfoque alternativo con capacidad para revolucionar el mundo de los celulares. De acuerdo con un artículo de la revista ACS Nano, en vez de recurrir a la habitual pila de cristales curvos, han concebido unas láminas transparentes de óxido de zinc cuyo espesor representa apenas una fracción del de una lente convencional.



